Ironman o la ilusión de libertad en la sociedad del cansancio
Vivimos en un tiempo en el que todo parece poder convertirse en mercancía: los objetos, las experiencias, incluso nuestras aspiraciones más íntimas terminan envueltas en el lenguaje del consumo. No basta con vivir; necesitamos que esa vida sea reconocida en símbolos, signos y marcas que otros validen. Guy Debord lo señaló con lucidez: “Todo lo que alguna vez se vivió directamente se ha alejado en una representación”. Y pocas cosas lo muestran con tanta claridad como el deporte, donde lo que debería ser disciplina, comunidad y búsqueda de límite humano se ha convertido en espectáculo y producto. Lo noto cada vez que escucho la discusión interminable entre los puristas y los inclusivos en el mundo Ironman. Los primeros insisten en que solo quien completa un Full merece el título. Los segundos defienden que también los 70.3 o incluso los 51.50 son Ironman, pues cada distancia implica un mérito innegable. Mientras los escucho, me invade una certeza incómoda: ambos bandos defienden ...