Daredevil: Born Again y la anatomía del poder oculto
Algunas ficciones no solo se miran, se habitan. Daredevil: Born Again es de esas que, bajo la estética de los cómics y la acción urbana, se desliza como un espejo hacia nuestra propia historia. No se trata simplemente de un relato de justicieros y criminales, sino de una meditación sobre el poder, sus formas de manifestarse y, sobre todo, sus formas de esconderse. En la figura de Wilson Fisk —Kingpin— no vemos al enemigo visible, sino al más inquietante: aquel que se mimetiza con la legalidad, que se viste de orden, que ofrece salvación a cambio de sumisión. Y en ese rostro, Colombia reconoce algunos de sus capítulos más recientes. Fisk no necesita alzar la voz. Su lenguaje es el del capital, el del pacto silencioso, el de la red que se extiende por las instituciones hasta volverlas ecos de su voluntad. Se infiltra, persuade, compra, reorganiza. Y poco a poco la ciudad ya no se defiende de él, sino que empieza a parecerle necesario. Esa es su victoria más peligrosa: cuando el ...