HEGEL Y EL ARTE DEL CONTENIDO

Hegel pertenece a la corriente del pensamiento filosófico Alemán conocido como:
“El Idealismo Alemán”, escuela en la que confluyeron filósofos como Fichte y
Schelling.

Estos filósofos comparten en sus sistemas filosóficos una idea heredera de la ilustración que le atribuye características de omnipotencia y omnisciencia a la razón. Así pues, construye cada uno su sistema sobre una idea incuestionable o trascendental a partir de la cual se puede explicar la naturaleza de las cosas y del espíritu humano. Para Fichte esta idea se constituye en el “yo absoluto”, para Schelling en el “absoluto” y para Hegel en el “espíritu absoluto”.

Para los propósitos de este tema se expondrá a grandes rasgos el sistema filosófico de Hegel y la posición que tiene la dimensión del arte en este sistema. El sistema Hegeliano está constituido por un conjunto de categorías y conceptos dispuestos de tal forma que todas y cada uno se determinen entre sí, la totalidad del sistema es el espíritu absoluto y los elementos que contiene constituyen distintos niveles de negación del espíritu absoluto. La naturaleza y la especie humana son los componentes básicos de este sistema, de tal forma que, la naturaleza es la manifestación alienada del espíritu absoluto y el hombre una manifestación cuasi-alienada del mismo.
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El hombre participa del espíritu absoluto en virtud de la autoconciencia, o conciencia de la conciencia (conciencia de si mismo) pero distinguiéndose de aquel por la finitud o condición alineada del hombre.

La alineación puede verse como la separación que existe entre el hombre de carne y hueso y la perfección de la razón, o como el estado de negación de la idea suprema o incondicionada de una razón omnipotente y omnisciente, que para Hegel es el mismo Espíritu Absoluto.

La naturaleza es la dimensión alienada del espíritu absoluto, por lo que sus movimientos y transformaciones tienen un destino ciego, es decir, la naturaleza cumple con un programa de evolución inmodificable distinto, que no es otro que el de volver a su condición originaria de espíritu absoluto. La conocida perfección de la naturaleza es la imagen más visible de un volver de la naturaleza al espíritu absoluto.

El hombre en su condición de cuasi-alienado participa también de la alineación del espíritu absoluto a través de la naturaleza, o mejor, hace parte integral y necesaria de la naturaleza y de ese proceso de reconciliación con el espíritu tanto del uno como del otro. Pero el hombre no tiene un destino ciego e inmodificable, sino que traza sus propios programas de “evolución” gracias a su autoconciencia. La historia de la especie humana es una historia de valles y crestas en su evolución, explicable por su condición alienada y por la inconciencia en la ejecución de los planes de esa razón omnipotente y omnisciente.

El espíritu absoluto o la razón absoluta construida por la ilustración nos ofrece las categorías de lo justo y lo bello, pues una razón omnisciente y omnipotente tienen como meta la justicia y la belleza en el mundo. De este modo el hombre 
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ejecuta un plan con sus debilidades, finitudes y capacidades, meramente racional con miras a conseguir justos y bellos. Pero estos planes se ven frustrados por la resistencia que le opone la naturaleza y la finitud o imperfección de hombre. Sin embargo, en la empresa de realizar estos planes el hombre se reconcilia poco a
poco el espíritu absoluto, construyendo para ello instrumentos y experiencias para organizar a los pueblos y superar las adversidades de la naturaleza.

Para Hegel el motor de aquellos planes de la razón es el trabajo, pues es en esta dimension en la que el hombre ejecuta mal que bien sus planes. Y en consecuencia le permite reconciliarse continuamente con el espíritu absoluto. En otras palabras, el trabajo nos ofrece la síntesis entre las ideas y la naturaleza, y esa lucha entre las ideas y la naturaleza mediante la fuerza viva del trabajo que se producen la civilizaciones y con ellas las obras y las expresiones del hombre.

La obra de arte es por lo tanto una de esas síntesis entre las ideas y la naturaleza, a través del trabajo con miras a materializar la idea de lo bello que yace o es inherente al espíritu absoluto .

En el sistema Hegeliano el arte corresponde a un momento del proceso de reconciliación con el espíritu absoluto, siendo lo bello en la obre de arte una intuición o un conocimiento inmediato al cual tiene acceso el hombre. Lo bello solo se nos da mediante la intuición, pues la intuición participa de la idea de lo bello del espíritu absoluto, es en ella donde se hacen presentes las formas y proporciones más perfectas resguardadas por el espíritu absoluto.

Este espíritu absoluto al entrar en un proceso de autointuicion o autoconciencia de si mismo como arte, también lleva paralelamente otros procesos de 
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autoconciencia en la autorepresentación como religión y en el absoluto conocimiento de si mismo como filosofía, esta última sería entonces la autoconciencia de la idea.

Para Hegel existen también particularmente otros procesos de autoconciencia que se manifiestan en cada fenómeno en el que se vinculan las dos parte que sintetizan el espíritu absoluto, el Espíritu Subjetivo y El espíritu Objetivo, que a través de su continua síntesis en cada negación del Objeto y el Sujeto.

La Estética viene a dar cuenta del estudio filosófico de arte, en donde se reconcilia la tarea del pensamiento más elevada “filosofía” con la expresión de lo bello en la materia del espíritu absoluto. La estética es pues concebida como una forma de filosofía del arte, que se ocupa de explicar filosóficamente las expresiones subjetivas del espíritu absoluto en el contenido de las obras de arte.

Así pues, la Estética hegeliana no es una ciencia, sino una de las formas de pensamiento y reflexión sobre la de lo bello artístico.

El arte del contenido y la relación del objeto y el sujeto con la ciudad y la sociedad.

El arte para Hegel en la historia se ha dividido en tres grupos, el primero y más antiguo es el arte simbólico, el segundo el arte clásico y el último el arte romántico, estas divisiones se hacen en función de la relación entre dos conceptos fundamentales: Forma y Contenido. Cada grupo esta definido en virtud de un
tipo de vinculo entre forma y contenido.

Para Hegel la forma es la materialización del contenido, o que es lo mismo, de la idea del artista. Idea que pertenece a la esfera de la espiritualidad yaciente en el 
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espíritu absoluto.

La forma y el contenido participan en la elaboración de las obras de arte como representación de la síntesis entre la esfera espiritual y la esfera objetiva (la naturaleza) del ser absoluto. La forma al ser la representación sensible de un contenido subjetivo, se presenta ante los sujetos como un objeto, es decir, se presenta ante las sociedades e individuos del mundo como un objeto. Sin embargo, estos Objetos no son a su vez una forma “exterior” o una forma de representación de la conciencia, ajena a los Sujetos, son parte al mismo tiempo del Sujeto, ya que la representación de un Objeto por un Sujeto es a la vez parte integrante del Objeto.

El conocimiento es pues, la producto más elaborado de la relación entre el Sujeto y el Objeto, o que es lo mismo, el conocimiento en su camino hacia lo Absoluto solo puede darse entre a la luz de una Dialéctica entre el Sujeto y el Objeto, y nunca de la reducción e indiferencia del uno o el otro.

La obra de arte es producto también de la Dialéctica entre el Sujeto y el Objeto, ya que el Sistema Hegeliano es universal, es decir, muestra como en cada movimiento, en cada trabajo, en cada relación del hombre con las cosas, y las cosas con el hombre, el proceso Dialéctico esta presente.

De esta manera, la Forma de la obra de arte no seria solo una representación de una conciencia o de una idea artística, y tampoco sería solo un objeto externo a los Sujetos que pueden percibirla, ya que ésta, en su interior guarda y expresa el mismo contenido que se expresó desde el interior de los Sujetos. Al igual que el

Contenido de la obra de arte, que no es solamente una idea abstracta, sino que necesita de la manifestación formal para poder evidenciase, experimentarse y
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expresarse.

Así pues, la ciudad en también un Objeto, llena de significados y contenidos expresados por una Sociedad, pero al mismo, es evidente que la Ciudad influye y modifica las actitudes y las expresiones de la Sociedad, comportándose como un Sujeto. Sujeto capaz de transformase en Objeto cuando la ciudad expresa
algún tipo de desarrollo: económico, social, etc.

El Hombre es el Espíritu Subjetivo afianzado en la naturaleza humana, que gracias a su autoconciencia busca el camino de su libertad e independencia del espíritu. El Espíritu Subjetivo al caminar por en su conciencia, tiene el favor de las sensaciones y los sentimientos, que poco a poco lo van acercando al entendimiento
y finalmente a la razón, al encontrarse este Espíritu Subjetivo conciente de sí mismo se elabora como Espíritu Objetivo en el Derecho, la Ética Objetiva y en consecuencia La Sociedad y el Estado. Así, el Espíritu Objetivo al evolucionar forma lo que todos conocemos como Historia, evolución que esta determinada por el caminar del Espíritu Objetivo hacia la conciencia de su propia libertad.

La síntesis del Espíritu Objetivo y el Espíritu Subjetivo, es el Espíritu Absoluto, que como se mencionó anteriormente, se autodespliega en la intuición de sí mismo como arte, en la representación de sí mismo como religión, y en el absoluto conocimiento de sí mismo como filosofía.

Así pues, el proceso dialéctico entre el Objeto y el Sujeto es universal, ya que participa en cualquier manifestación tanto del Espíritu Objetivo como del Subjetivo.
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En el figura del lado se muestra como cualquiera de los ámbitos en los que esta
inmersos el Sujeto y el Objeto, se relacionan uno a condición del otro.(ver documento original)



Ahora bien, la Ciudad y la Sociedad en este esquema, están presentes tanto en la columna del Sujeto como en la del Objeto, son pues, condiciones de sí para sí y de sí para el otro. Sin embargo, observamos que en estas columnas están presentes otros elementos como las creencias, la naturaleza, el significado, la forma y el símbolo, todos estos hacen parte en el proceso dialéctico en que se construye el mundo. La forma en que todos estos elementos se han relacionado a través de la historia, ha determinado los distintos ambientes de desarrollo y evolución que han tenido las sociedades y la ciudades.

La ciudad es un ente móvil y dinámico al igual que las sociedades. La ciudad no es un elemento, ni la unión de varios elementos, es la manufactura ontológica, formal e histórica de criterios sociales que se encuentran en constante movimiento, en una dinámica dialéctica constante de relación entre del sujeto y el objeto.

La Ciudad es la materialización de las posiciones ideológicas, políticas y económicas, de la Sociedad, o que es lo mismo, de los Sujetos.

Esta relación justifica así, como la ciudad al mismo tiempo de ser el Objeto material de las intenciones sociales, determina al mismo tiempo, nuevos pensamientos y relaciones sociales dentro de los espacios sensibles.

Los edificios no son sólo espacios arquitectónicos, son también una muestra concreta de una estructura física, social, económica e ideológica de los sujetos.

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En el mundo antiguo, la construcción de la ciudad, no solo respondía a un orden físico y práctico, sino que las inquietudes, las dudas, y las reflexiones filosóficas, eran parte fundamental de las formas de construcción, no solamente materiales sino éticas y morales, cuestión que dio paso a la formación de la Democracia y
del Estado.
Espacios públicos como el ágora, que servía para la puesta en escena de problemas y reflexiones sobre la ciudad y la sociedad, es una muestra concreta de la espacialización del Espítu del pueblo en la Ciudad.

Partiendo de este principio, aquellas reflexiones sobre la Ciudad y la Sociedad, estaban en equilibrio con ciertos espacios generados tanto para la misma ciudad como para que surgieran así otras reflexiones, los espacios podrían mostrar el balance justo entre la forma y su contenido, tanto para ellos mismos como para la sociedad y la ciudad.

Este equilibrio entre Forma y Contenido, entendiendo la forma como la materialización de un significado, y el contenido como el significado en sí, subjetivo e inmaterial, se expresa para Hegel en su forma más equilibrada en el arte clásico.

Ya que en este , a diferencia del arte simbólico, el contenido si encuentra en la forma su completa y más perfecta materialización.

El arte clásico para Hegel supera la representación simbólica de contenidos, ya que este eleva el concepto de símbolo a la autorepresentación mítica y simbólica del hombre. Y es así, como podemos encontrar edificios que en su decoración presentan imágenes de la vida de estas sociedades, las guerras y los dioses que se representaban de tal forma, que la evidencia del contenido en esa obra de arte lograba ser coherente con la evolución del pensamiento de ésta
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época. Los dioses no solo eran simbolizados en el arte, también se encontraban sus huellas ahondando los caminos y las plazas, y dando luz a la Democracia.

Ahora bien, Hegel no cierra el camino para que las Sociedades y las Ciudades puedan volver a encontrar este equilibrio, ya que toda evolución y desarrollo de estas, es también inherente al Espíritu Absoluto, que gracias a su omnipresencia y omnisciencia, cabe redundar, estará presente por toda la eternidad.

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Comentarios

  1. Nunca las cosas bellas podrán estar sujetas a la imperfección del pensamiento filosófico, nunca la inmateria del espíritu absoluto podrá consensuar las tipicidad de los iconos que llegan a lo estético, este se da desde lo material, de los más recónditos elementos de la iconografía real.
    Lo que si se es que JRTM, sabe de arquitectura, de esa expresión material del concepto del nido, aportando hacia eso que es y desde luego que debe ser, la visión de la felicidad, por tanto lo invito a que cuelgue mas de arquitectura, gracias.
    Orlando Rico C.

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