Competir no es vencer al otro:
crítica filosófica a una imagen mal entendida del deporte
He visto esta imagen muchas veces en
redes sociales: Michael Phelps, en plena carrera olímpica, nada enfocado hacia
adelante. A su lado, Chad le Clos gira la cabeza para mirarlo. Encima de la
imagen, una frase:
“Winners focus
on winning. Losers focus on winners.”
Cada vez que la veo, algo me incomoda.
No por la imagen en sí —que congela un momento icónico de la natación
olímpica—, sino por la narrativa que la acompaña: una glorificación del
aislamiento competitivo, del foco exclusivo en uno mismo, como si el otro fuera
un estorbo o una amenaza.
Como triatleta, sé que el otro no es
una distracción. Es parte del desafío, del sentido y, en muchos casos, del
crecimiento personal. Como pensador, creo que esta imagen —y lo que representa—
distorsiona el verdadero espíritu del deporte. Lo reduce a un monólogo de
rendimiento, ignorando que toda competencia real es, ante todo, un encuentro.
La competencia no es soledad, es
relación
La idea de que uno debe enfocarse
exclusivamente en su meta, sin mirar al rival, responde a una visión
radicalmente individualista del deporte y de la vida. Pero esa visión es
filosóficamente frágil. Desde Hegel hasta Merleau-Ponty, múltiples pensadores han
mostrado que el ser humano no se realiza en el aislamiento, sino en la relación
con el otro.
“La autoconciencia sólo alcanza su satisfacción en otra
autoconciencia.”
(Hegel, Fenomenología del espíritu)
En otras palabras, yo no puedo saber
quién soy si no es en el espejo que el otro me ofrece. Esto es intensamente
visible en el deporte: el rival no es un obstáculo externo, sino una presencia
que me revela a mí mismo. No hay victoria personal que no pase por un otro que
me desafía, me empuja o me obliga a responder.
El cuerpo también piensa
La lectura simplista de la imagen
supone que mirar al otro es una forma de distraerse. Pero el deporte no es una
actividad puramente mental. Es una experiencia corporal total, donde la
percepción, la intuición y el contacto con el entorno son fundamentales.
“Mi cuerpo es el lugar a través del cual existe el mundo
para mí.”
(Merleau-Ponty, Fenomenología de la percepción)
Cuando un atleta gira la cabeza para
mirar al otro, su cuerpo no está fallando: está respondiendo a una situación
vivida, en tiempo real. Está dialogando con otro cuerpo, otro ritmo, otro
gesto. El cuerpo no ejecuta simplemente: siente, reacciona, interpreta. En la
piscina, en la pista, en la bicicleta, los cuerpos no compiten desde la técnica
sola, sino desde la conciencia encarnada.
El otro no distrae: da sentido
Algunos creen que competir es superar
al otro. Pero en su forma más profunda, competir es encontrarse con uno mismo a
través del otro.
“El yo se realiza en la relación con el tú.”
(Buber, Yo y Tú)
Competir no es bloquear al otro, ni
ignorarlo, ni vencerlo a toda costa. Es necesitarlo para descubrir lo que somos
capaces de hacer. En una carrera ajustada, en un duelo parejo, el rival no
disminuye mi logro: lo hace posible. En el deporte, como en la vida, hay una
verdad fundamental: no podemos realizarnos sin el otro.
Cuando el mensaje falla
La frase “winners focus on winning”
parece motivacional, pero revela una pobreza de pensamiento. Niega la
complejidad del juego, la riqueza del encuentro, el carácter ético del deporte.
Reproduce una lógica donde el otro es amenaza y la concentración es indiferencia.
Esa lógica es hija del individualismo
neoliberal que ha invadido el deporte con métricas, marcas personales, branding
y obsesión por el resultado. Una lógica que olvida que el deporte nació del
juego.
“El juego no es la vida ‘corriente’ o ‘real’. Es una salida
de ella hacia una esfera temporal de actividad con un valor propio.”
(Huizinga, Homo Ludens)
Cuando el deporte se vacía de su valor
propio y se convierte solo en una herramienta para triunfar, deja de ser
deporte: es marketing con movimiento.
La ideología detrás del rendimiento
El problema con la imagen de Phelps y
la frase que la acompaña no es solo su superficialidad, sino lo que representa
en un nivel más profundo: la normalización de una ideología basada en el
rendimiento, la comparación constante y la autoexplotación.
Vivimos en una cultura que ha
convertido al individuo en una especie de empresa personal. Se nos enseña que
debemos optimizar todo: el cuerpo, la productividad, el estado mental, la
imagen pública. Y el deporte, que podría ser un espacio de liberación, de juego
y de conexión, queda atrapado en esa misma lógica de eficiencia y éxito
individual.
“El sujeto de rendimiento se explota a sí mismo, y cree que
está realizándose.”
(Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio)
La imagen del nadador que no mira al
otro encarna esa autoexigencia absoluta: nada existe fuera del objetivo. Pero
esa visión no solo es inhumana, también es frágil. Cuando el único valor es
rendir más, ganar más, superar siempre, el cuerpo se convierte en instrumento y
el otro en amenaza.
Las redes sociales han amplificado
esta lógica. Allí, el éxito se mide en seguidores, medallas, cifras. El atleta
ya no compite sólo en la pista, también compite en la narrativa que construye
sobre sí mismo. La vulnerabilidad, el disfrute o la cooperación quedan fuera
del encuadre.
Esta visión empobrece el deporte.
Porque donde solo hay competencia sin reconocimiento del otro, ya no hay
humanidad: hay algoritmo.
Una propuesta distinta
No propongo que dejemos de competir.
Propongo que pensemos la competencia como una relación entre sujetos, no como
una guerra entre enemigos. Que recordemos que mirar al otro no es sinónimo de
debilidad, sino testimonio de que estamos vivos, presentes, involucrados.
“Debes tener en ti mismo caos para dar a luz una estrella
danzante.”
(Nietzsche, Así habló Zaratustra)
El deporte no es control absoluto. Es
caos, incertidumbre, esfuerzo y creación. Y en ese caos, el otro no es una
amenaza. Es quien me ayuda a encontrar mi estrella danzante.
Mirar no es perder
Quisiera que quienes miran esa foto de
Phelps y le Clos no vean una historia de distracción y victoria individual,
sino una historia de presencia mutua. Porque en esa imagen no hay un “perdedor”
que mira al otro. Hay dos cuerpos en tensión, en relación, en búsqueda.
Y eso, para mí, es la verdadera
esencia del deporte.
Comentarios
Publicar un comentario